El Petiso Orejudo

Pasó a la historia como uno de los mayores sociópatas argentinos. Cayetano Santos Godino o como mejor se lo conocía: el Petiso Orejudo, y fue un asesino en serie, el segundo del que se tiene registro en el país. Cayetano fue uno de los personajes mas tristes que se conocieron a principios del siglo XX. Fue responsable de la muerte de cuatro niños, siete intentos de asesinato y el incendio de siete edificios.

Cayetano vivió una infancia un poco dura debido a que era constantemente golpeado por su padre y su hermano. El petiso orejudo, hijo de inmigrantes italianos, al igual que sus otros nueve hermanos, presentó signos de violencia desde su infancia, hasta el punto en que sus propios padres le pedían a la policía que lo detuviera.

Cayetano Santos nació el 31 de octubre de 1896 en Buenos Aires y pasó a la historia como el asesino serial argentino más joven, con 4 víctimas fatales confirmadas y 7 intentos de asesinato, mientras que también era un piromaníaco y en su haber se contabilizaron 7 edificios incendiados.

Tan solo con 7 años de edad, el petiso orejudo cometía su primer acto delictivo, cuando el 28 de septiembre de 1904 llevo a un niño de tan solo dos años, conocido como Miguel DePaoli, hasta un terreno baldío, donde lo golpeó y arrojó a unas espinas luego de la paliza. Gracias a que un policía intervino, el niño Depaoli no llegó a morir.

Al año siguiente, el petiso orejudo vuelve a utilizar la misma metodología de agresión, esta vez llevando hacia un baldío a una infante de tan solo 18 meses, llamada Ana Neri, a la que golpeó con una piedra en la cabeza. Nuevamente, fue detenido por un policía que evitó la tragedia.

Petiso de joven

El 29 de marzo de 1906, Cayetano Godino cometió su primer asesinato. Lo peculiar de este caso, es que fué descubierto años después, y gracias a que el petiso orejudo lo confesó a la policía, de lo contrario el asesino hubiese quedado incógnito. Según contó, tomó una niña de aproximadamente tres años a la que también llevo a un baldío en la calle Rio de Janeiro e intento estrangularla. Luego la enterró viva en una zanja que cubrió con latas. Las autoridades al enterarse de esto, se trasladaron hacia el lugar pero encontraron que se había edificado una propiedad de dos pisos sobre dicha zanja. El nombre de la pobre niña era María Rosa Face, quien nunca fue encontrada.

Años mas tarde, más precisamente en 1912, el petiso orejudo fue responsable de tres muertes que acabarían por llevarlo a prisión. Las dos primeras fueron las de Arturo Laurora y Reina Bonita Vainicoff. El primero era un niño de 13 años que fue hallado muerto a golpes y estrangulado. Dos meses después, Reina, de 5 años a la que prendió fuego, y murió a las pocas horas a causa de las quemaduras.

El asesinato de Jesualdo Giordano fue su último asesinato ya que luego acabarían por condenarlo. Jesualdito tenía casi 4 años, y su cadaver fue encontrado en un baldío, estrangulado con un piolín y con un clavo en la sien.

Los vecinos denunciaron que la última ves que vieron a Jesualdito, caminaba de la mano con el petiso orejudo. El 4 de diciembre de ese mismo año, la policía detuvo a Cayetano, quien acabó por confesar sus crímenes.

– ¿Siente algún remordimiento por lo que hizo?

– No entiendo…

Fue la respuesta de Santos Godino tras haber sido apresado.

Luego de una serie de peritajes psiquiátricos, fue considerado inimputable, por lo que se decidió su internación en el Hospicio de las Mercedes. Sin embargo, por decisión del Ministerio Publico, el petiso orejudo fue trasladado a la Pentenciaría Nacional, donde fue condenado por cuatro homicidios, siete tentativas, y siete incendios intencionales.

Su último traslado fue a la Cárcel del Fin del Mundo, en Ushuaia, al día de hoy convertida en un museo.

En el año 1927, se sometió a una cirugía para reducir el tamaño de sus orejas, ya que algunos dichos consideraban que estas eran el origen de su crueldad.

Santos Godino murió en el año 1944, y su fallecimiento contempla varias versiones, aunque oficialmente se la atribuyó a una úlcera. Sin embargo, hay quienes sostienen que su muerte fue debido a palizas internas dentro de la cárcel, castigo por haber asesinado a las mascotas (gatitos) de la prisión.

Lo cierto de todo, es que el personaje maléfico con el que los padres suelen asustar a los niños realmente existió y fue uno de los primeros y peores casos de historia criminológica de el país.

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