El Rompecabezas

Tiempo atrás, en un pequeño pueblo de cierto país, una pequeña familia bastante unida disfrutaba de sentarse en la sala común a gozar de su compañía y de juegos, gastaban el tiempo juntos cada fin de semana y cada vez que disponían de algo de tiempo libre, estar juntos en su sala era su pasatiempo favorito y si algo les gustaba era armar rompecabezas. Los coleccionaban por montones y se sentaban por horas en la sala familiar a hacer coincidir las piezas, dándole vida a paisajes diversos, animales y personajes. Con el tiempo se hicieron tan buenos en aquello, que fueron buscando rompecabezas cada vez más complicados y con cientos de piezas, se había vuelto una especie de reto familiar.

Su búsqueda de un nuevo desafío los llevó a una extraña tienda de antigüedades, llena de muebles, cachivaches y objetos extraños, parecía una tienda de una época antigua, incluso el hombre que atendía la tienda tenía una extraña apariencia, era alto con ropa vieja y algo polvorienta y tenía ojos hundidos como si no hubiese podido dormir hace meses. La atención de aquella familia recayó inmediatamente en el rompecabezas de más de mil piezas que descansaba en un rincón.

La caja era completamente negra y no mostraba la imagen que se supone que se debe armar. Tras analizar las piezas tampoco encontraron ningún indicio de cuál sería el resultado final.

— Ese rompecabezas lo trajo un hombre muy raro hace varios años —les hizo saber el dueño de la tienda— al parecer, lo sacó de la casa de un tipo al que condenaron a muerte en Europa del Norte, por supuesta brujería. Se decía que estaba maldito.

— ¡Pero que interesante! —Exclamó la señora de la familia, que lejos de horrorizarse por tan macabra historia, parecía encantada con el rompecabezas— Nunca habíamos tenido un rompecabezas con una historia tan pintoresca. Y además, con imagen sorpresa.

—Será un reto emocionante para hacer todos juntos —le dijo su esposo—. Nos lo llevamos.

— ¿Están seguros? — comento aquel viejo barbudo.

—Sí, claro. Vamos a pagarlo por favor.

Aquel día aquella familia pago el misterioso rompecabezas y volvieron a casa inmediatamente, impacientes por comenzar aquel juego.

Vertieron todas las piezas en la mesa de café de la sala de estar y entre risas y bromas, se hicieron a la tarea de completarlo, un proceso que les llevaría al menos varias horas. El rompecabezas era considerablemente grande y complicado.

Durante los primeros minutos, el ambiente habitual de diversión prevaleció sobre ellos, pero al cabo de un rato todos se habían sumido en un profundo silencio. Ya ninguno hablaba, ni emitía el más mínimo sonido. Ni siquiera parpadeaban. Una súbita obsesión por armar el rompecabezas hasta el final se había apoderado de sus cuerpos, y mientras entrelazaban más y más piezas, un escalofrío les recorrió los cuerpos al reconocer sus propios rostros en aquel lienzo perverso.

A pesar de todo, continuaron armándolo hasta el final, intrigados por saber cuál sería la escena final que conformaría aquel tablero siniestro.

La hija menor colocó entonces la última pieza…

Varios días después, la policía ingresó a su domicilio alertada por los vecinos. Estos se quejaban de un nauseabundo olor que brotaba del interior y estaban preocupados porque no habían visto salir a nadie de la familia.

Les encontraron en la sala de estar, muertos y ensangrentados. Al parecer los integrantes de aquella familia habían enloquecido y se habían atacado los unos a los otros hasta matarse. Pero eso no fue lo que más asustó a los oficiales.

En la mesa del centro, un enorme rompecabezas recreaba a la perfección la horrible escena que abarcaba aquella habitación. Se podía ver en ese rompecabezas el salón en donde ellos se encontraban, parte de las escaleras, los muebles, incluso aquella familia se veía reflejada tirados en el piso sin vida.

el rompecabezas feretro

La muerte de aquella familia sigue siendo un misterio, pero sin duda alguna los policías que presenciaron aquella horrible escena entendieron que todo estaba relacionado con aquel siniestro rompecabezas hechizado.

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