El sofá misterioso

Esta es la historia de Willie, quien en una muy interesante conversación nos narró la más escalofriante historia de su vida. Willie, sentado en una pequeña silla de la entrada de su casa nos contó su historia con una expresión en su rostro que nos decía que era lo peor que le había sucedido a aquel hombre, y éste nos dijo: – bien amigos siéntense cerca, les contare aquella experiencia:

Recuerdo que cuando era niño – dijo Willie con voz suave y con vista como perdida hacia el piso de aquella entrada – había un viejo sofá de cuero negro en el salón de nuestra casa, en aquel entonces vivía con mis padres en un viejo vecindario cerca de aquí. Era un mueble muy grande, gastado como si fuera hecho hace muchos años , que mis padres habían comprado en una venta de garaje por casi nada, recuerdo que a mi madre le encanto su estilo antiguo y no dudaron en llevarlo a casa.

Un día, cuando tenía cinco años, jugaba solo en la sala de estar, recuerdo estar jugando con un pequeño carro de juguete que lance por accidente hacia aquel viejo sofá. Cuando miré al sofá, noté algo extraño, había una bolsa de papel arrugada en el suelo delante del sofá de cuero, me preguntaba qué había dentro, así que decidí ir a ver qué era eso.

Al acercarme, justo cuando estaba a punto de recogerlo, me di cuenta de que una mano horrible había tomado la bolsa para extenderla, la doblaba y la desdoblaba de nuevo, era un brazo muy delgado con piel arrugada más blanca que la persona más blanca que hubiese visto en mi corta edad en aquel entonces y aun ahora. No entendía ni sabía que era aquello; yo estaba aterrorizado.

Mientras la miraba, la mano se retractó lentamente y desapareció de nuevo bajo aquel sofá, trayendo con ella la misteriosa bolsa de papel. Salí de la sala de estar y corrí hacia mi madre que estaba en la lavandería. Temblando de miedo, intenté contar lo que había visto, pero ella no me creyó. Se rió y fingió que me imaginaba cosas pues era aún muy pequeño.

Después de eso, intenté mantenerme lo más lejos posible del sofá de cuero, estaba evitando la sala de estar a toda costa, y si tenía que pasar por ella procuraba pasar lo más rápido posible. Sin embargo, una mañana me desperté para descubrir que el sofá de cuero había desaparecido de nuestra sala, había un sofá nuevo en su lugar. En ese entonces sentí un gran alivio y con el paso del tiempo olvidé lo ocurrido.

Sin embargo, hace unos años, fui a casa de mi madre y le conté sobre mis recuerdos de la infancia y de repente recordé el sofá de cuero viejo.

“¿Qué le ocurrió a aquel viejo sofá de cuero?” le pregunte a mi madre…

“Oh, no me hables de esa cosa horrible,” lloró mi madre y luego dijo” Lo tiramos a la basura”.

“¿Por qué? Insistí”

Entonces sucedió algo que me aterrorizó, pero que a la vez me aclaró muchas cosas que me preocupaban desde la infancia, pues mi madre me contó:

“Bueno…” No te lo conté en ese momento – dijo mi madre mientras le recorría un conocido escalofrío en su espalda – pero eras muy joven y no quería asustarte. Una mañana, cuando no tenías escuela, te escondiste en la casa. Te estaba buscando de habitación en habitación cuando por fin te oí reír en el salón. Pensé que te escondías bajo el sofá de cuero. Me arrodillé para mirar, y cuando vi lo que había debajo casi me dio un infarto. Mientras viviera, nunca olvidaría lo que vi ese día” – comento mi madre.

“¿Qué sucedió entonces?” – le pregunté.

“Era una anciana con un chal negro en la cabeza. Su piel era blanca o algo grisácea y arrugada mientras su cara torcida sonreía de forma grotesca. Tenía la risa de un niño pequeño y sostenía un brazalete en la mano. Quería huir, pero estaba congelada por el miedo y no podía apartar la mirada de sus fríos ojos muertos. Finalmente grité y subí corriendo por las escaleras, saliste de tu escondite cuando me escuchaste. Estabas dentro de un armario en una de las habitaciones o al menos eso creo, así que te agarré y te saqué de la casa tan rápido como pude. Llamé a tu padre, tuvo que dejar el trabajo e irse a casa. Intenté decirle lo que pasó, pero no me creyó. Me negué a irme a casa hasta que se deshizo de ese horrible sofá de cuero”.

Al escuchar la historia de mi madre me quedé sin habla, sabía que lo que yo había visto era real, no sabía ni que decirle a mi madre, y creo que mi madre tampoco sabía que decirme todos estos años.

Luego mi madre continuó con aquel recuerdo – “Unas semanas después, te recogí de la escuela, pasamos por la casa donde compré el sofá durante la venta del garaje, detuve el coche y decidí averiguar más sobre él, la señora que vivía allí me dijo que todos los muebles le pertenecían a una anciana que vivía sola, no tenía familia, así que cuando murió su cuerpo no fue descubierto por varias semanas. Finalmente encontraron su cadáver en descomposición en el sofá. El mismo sofá que compramos en la venta de garaje. Incluso ahora, me asusta sólo pensar en ello”.

La historia que me contó mi madre me trajo a la memoria todos los recuerdos de mi infancia sobre aquel viejo sofá de cuero y la mano que sostenía la bolsa de papel.

Luego mi madre y yo nos abrazamos por un largo rato, fue como si un gran peso hubiese sido desatado de nosotros, ambos atormentados por aquel espantoso recuerdo de aquella anciana repulsiva eternamente encadenada a aquel viejo sofá de cuero.

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