El viejo y el pastel de manzana

Viejo y el pastel - Historias Terror

Anthony Carter era un anciano gruñón y desquiciado, odiaba con todo su ser a los niños, sobre todo en la época de Halloween. Detestaba que los pequeños tocaran la puerta de su casa para pedir dulces, él solo quería deshacerse de todos ellos, así que ideó un plan para acabar con todos esos niños de la manera más sanguinaria posible. Compró muchas manzanas y hojillas, estas últimas las cortó hasta convertirlas en pequeños trozos punzantes que introduciría más tarde en las manzanas. Su esposa estaba aterrorizada con lo que aquel viejo iba a hacer y supo que tenía que detenerlo en cuanto vio que el señor le añadía caramelo a las frutas.

Tomó algunas manzanas y teniendo cuidado de no acabar con las hojillas, preparó un gran pastel. Lo decoró como a su esposo solía gustarle y se lo obsequió minutos antes de que llegaran los niños para pedir los dulces. El viejo estaba impaciente, él quería que esos mocosos murieran cuanto antes y en vez de degustar el pastel como una persona normal, lo consumió de manera rápida sin siquiera llegar a masticar el rico postre. Su esposa estaba sonriente, más de lo que había estado durante los últimos años en los que el señor cambió su actitud.

Antes de que el viejo pudiera preguntarle a su mujer por qué le sonreía de esa manera, comenzó a ahogarse, sentía que algo le desgarraba la garganta y bajaba sin piedad por todo el ducto hasta su estómago. El dolor y espasmos que atacaban su anatomía eran tan bestiales que el señor se tumbó al suelo escupiendo sangre, ahogándose con ella y observando con ojos desorbitados a su ahora risueña esposa.

“¿Creíste que dejaría que asesinaras a esos niños como lo hiciste con nuestros hijos?“

El viejo falleció de una manera trágica, tal como murieron sus hijos y como planeaba asesinar a los niños en Halloween.

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Se dice ahora que su mujer sigue cobrando venganza con todos los hombres que tratan mal a los niños, todo lo hace en memoria del viejo y el pastel de manzana, y su trágica vida y la de sus hijos, como ánima en pena.

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