La bruja de la leche

En un poblado de la Nueva España, vivía una hermosa mujer, venida del viejo continente para establecerse de manera definitiva en éstas, las nuevas tierras.

Cuentan que poseían una encantadora sonrisa, que la amabilidad y el trato tan sutil que tenían con los niños de la región, la convertían en un ser apreciado por los habitantes. No había persona alguna que se quejara por su comportamiento o alguna mala acción. No obstante, las ?nicas personas que no toleraban se presencia eran, precisamente, los niños.

Cada vez que la mujer intentaba acercarse a un recién nacido, éste iniciaba con tremendo berrinche, el cual no acababa hasta que era alejado de la dama. Nadie se explicaba la reacción de los bebés, pues los niños más grandes, mayores de cinco años, se divertían estando con ella. No obstante, ninguna persona quiso investigar al respecto, pues todo parecía normal.

Lo que nadie sabía era que dicha mujer española tenía pacto con el diablo, éste le había dotado de algunos poderes y con ellos poseía la facultad de transformarse en una enorme bola de fuego. Todas las noches debía salir de su casa, sin falta, pues tenía que alimentarse de la sangre de los recién nacidos, para después fabricar ungüentos con los restos.

Pero no todo culminaba allí, la bruja tenía el poder de hacer llover, sólo bastaba con que salpicara agua de la pileta. De la misma forma, si tenía un enemigo, elaboraba una figura de cera idéntica al desgraciado y, luego de hacerle varios conjuros la derrota provocando que el adversario muriera lentamente.

De esta manera comenzaron a desaparecer muchos niños en el pueblo, el mismo patrón se repetía: sólo los bebés eran secuestrados. Los habitantes comenzaron a alarmarse, pues empezaron a morir algunas personas, víctimas de enfermedades poco usuales.

Cierta noche, el incontrolable llanto de un bebé despertó a los padres, quienes alertados corrieron hasta la habitación contigua y por la ventana pudieron vislumbrar una bola de fuego que se alejaba. Al asomarse para verificar lo que pasaba, los progenitores pudieron observar cómo la bola se convertía en la mujer española que todos apreciaban; ellos aseguraron que la bruja estaba desprovista de pies y que su cara era reflejo de la maldad, del diablo.

La noticia se esparció por toda la ciudad, hasta llegar a oídos de la Santa Inquisición. Ante tal suceso, se envió a un séquito a realizar las pesquisas correspondientes, sin embargo, tardaron un par de semanas en llegar. Por tanto los habitantes, se vieron en la necesidad de tomar cartas en el asunto y con ello mantenerse a salvo.

Decidieron rodear la casa donde habitaba la bruja, luego de varios días de no alimentarse con la sangre de los niños, se dijo que la española se debilitaba cada vez más. Esta medida no fue suficiente para acabar con ella, pues aún le quedaban hechizos para sobrevivir; tomaba una cuchilla para clavarlo en la pared, seguido de un ritual y pedía al diablo que la proveyera de alimento. El demonio escuchaba sus súplicas, pues de la pared brotaban chorros de leche, al tiempo que las vacas de la región dejaban de darla.

La gente se encontraba en un estado de terror total, creían que la bruja tomarla fuerzas y escaparía matando a todo aquel que se interpusiera en su camino. Finalmente y luego de varios días, los inquisidores arribaron al lugar, al ser interrogada, la española se declaró inocente de las acusaciones vertidas por los habitantes pero debido a que la mayor parte de la región atestiguó en su contra, incluyendo los niños, fue declarada culpable.

La española fue condenada a la hoguera, lejos del pueblo. Se dice que desde entonces los habitantes que cuelgan tijeras en forma de cruz en las puertas de su casa o en las ventanas, lo hacen para proteger a sus hijos de la bruja de la leche.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *